Joël Dicker: “No es fácil encontrar tu lugar en un mundo en el que todos van metiendo el codo

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Dicen de él que escribe como John Irving y vende como Stieg Larsson. El escritor de moda colecciona premios, elogios y lectores con su sexta novela, ‘La verdad sobre el caso Harry Quebert’

Entusiasmó a los críticos y consiguió tres premios de los grandes: el Goncourt des Lycéens, el Lire y el Gran Premio de Novela de la Academia Francesa. Enloqueció a los editores de la Feria del Libro de Frankfurt: todos querían hacerse con los derechos de su novela. Después llovieron los lectores: ya son cerca de un millón solo en Francia. A Joël Dicker (Suiza, 1985) la vida le sonríe de oreja a oreja. Es joven, es guapo, prestigioso, triunfador en ventas.

Lo ha conseguido con su sexta novela, ‘La verdad sobre el caso Harry Quebert’ (Alfaguara), la historia de Marcus Goldman, un escritor que recurre a su maestro, Harry Quebert, cuando el bloqueo le paraliza; la historia también de un asesinato, el de una quinceañera que aparece enterrada en el jardín de Quebert; y la historia de los habitantes de un pueblecito de New Hampshire con aromas de ‘Twin Peaks’. Las casi 700 páginas de ‘La verdad sobre el caso Harry Quebert’ esconden secretos que se enredan y sorprendentes quiebros en la trama. Dicker ha conseguido, dicen entusiasmados los críticos, crear la misma adicción en los lectores que Stieg Larsson y ganarse, además, su admiración. Porque Dicker no es E. L. James, la madre de las sombras de Grey: a él se le considera un buen escritor. “Me ha pasado algo muy raro: he tenido éxito de crítica y de público”, comenta el escritor de ojos claros durante su encuentro con ‘Dominical’. Es un tipo atractivo, sonriente, atlético (es corredor habitual); no parece que el éxito le haya trastornado, de momento, y es posible que eso no suceda porque su situación es curiosamente muy similar a la de su protagonista, Marcus Goldman: una novela ha convertido a ambos en ricos, famosos y prestigiosos.

El éxito es uno de los muchos asuntos de los que habla ‘La verdad sobre el caso Harry Quebert’. “Lo más importante es saber caer”, le dice el viejo maestro a Goldman. “En cierto momento caeremos y habrá que levantarse”, comenta Joël Dicker. “El libro funciona hoy, mañana ya veremos; y también veremos qué pasa con el próximo libro”. Es consciente de que en su triunfo también ha metido la mano la diosa fortuna: cree que su suerte ha sido encontrar a las personas adecuadas en el momento adecuado. En su caso, la buena ventura vino con Vladimir Dimitrijevic, el editor suizo que publicó su novela anterior, L’age d’homme, y que después le recomendó a un veterano de la edición en Francia, Bernard de Fallois. Es otra coincidencia con su novela: Marcus tiene a Harry como mentor; Dicker tiene a De Fallois. Y a los académicos franceses, con los que dice sentirse muy a gusto.

Vocación de aprendiz

Hay en Joël Dicker cierta vocación de aprendiz, una inquietud añorante de nieto que admira a sus mayores: “Me gusta la idea del ciclo, de la transmisión”, cuenta. A él, el amor por los libros se lo inculcaron en casa: su madre es librera y su padre profesor, y también ha sido importante la relación con un tío abuelo. Está convencido de que el haberse criado con dos generaciones por encima ha sido otra de sus suertes. Quizás de ahí provenga su preferencia por los veteranos.

Cuando le preguntamos por la acogida que le han brindado en el mundillo literario, por sus respuestas se deduce que se siente más cercano a escritores mayores que a los de su generación: “He establecido buenos lazos con los autores que son grandes vendedores porque soy joven. No les hago sombra y tienen consejos que darme. Es con los que mejor me entiendo”, dice. Y respecto a los respetables académicos, le parece que el hecho de que le hayan premiado a él es un síntoma de aliento a los escritores de su generación: “Están diciendo: ‘Escribid porque queremos leeros y os tenemos en cuenta’. A mí me dicen con su galardón: ‘Lo has hecho bien, chaval’, pero hay que seguir trabajando, porque está todo por hacer”.

“Es mucho más probable no tener lectores que tenerlos”

Así lo entiende el hombre de los premios y los halagos, un autor que parece modesto, que presume de admiración por Romain Gary y que confiesa que prefiere que le comparen con Philip Roth a vender diez millones de libros. Se sabe un recién llegado al olimpo de las letras y se asombra de su visibilidad: “Es mucho más probable no tener lectores que tenerlos. En Francia se publican 15.000 títulos cada año solo en francés. Si alguien lee un libro a la semana durante un año, que no está nada mal, leería 52 de esos 15.000”, explica. Una vez que uno es visible, si la obra gusta, las probabilidades de multiplicar el éxito se disparan con la atención de los medios de comunicación y entonces el mérito literario puede desvanecerse. Es la sempiterna disyuntiva entre calidad y cantidad. Joël Dicker reconoce que no es justo que frente a él se arremolinen los lectores pidiendo autógrafos cuando acaba de aparecer en un programa estrella de la televisión, mientras que a su lado un autor de gran talla languidezca por falta de admiradores.

Al mismo tiempo, acepta que “no es fácil encontrar tu lugar en un mundo donde todos van metiendo el codo”. Se refiere a la acogida que le han brindado sus colegas escritores. Hay celos, reconoce, pero no le parece mal: “Es el arte del juego, de la competición, y en cierto modo es bueno tener celos (si no te pierden) porque eso significa que tienes ambición”. Él la tiene, desde luego. Ya está enrolado en un nuevo libro del que no suelta prenda. ¿Le sucede como a Marcus Goldman, se siente aplastado por la presión de un primer éxito? En absoluto, responde. Él no siente la presión mientras escribe, pero esta cae con todo su tonelaje en el momento de presentar el libro al público. Cree que está preparado para ese momento (si llega); le ha aleccionado el maestro Quebert con su filosófico consejo: “Lo importante es saber caer”. Si es que se cae.

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El Caso del Mayordomo asesinado, de Marco Malvaldi

ÁREALIBROS.ES:http://www.arealibros.es/noticias/el-caso-del-mayordomo-asesinado-de-marco-malvaldi.html

 

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El escritor italiano, Marco Malvaldi, vuelve a la carga en el género en el que se ha convertido en todo un referente en su país, el género policiaco y de crimen.

En su nueva obra El caso del mayordomo asesinado, Malvaldi lleva al éxtasis todos sus recursos literarios para que el resultado sea una obra llena de crimen, misterio y que deja atrapado desde la primera hoja al lector.

La historia comienza un caluroso viernes de junio del año 1895, en un castillo de la zona de Maremma, en la Toscana italiana, donde reside el conde Alinaro Bonaiuti, perteneciente a la familia Roccapendente. Allí vive el barón junto con su familia, compuesta por: dos hijos (un bobalicón y un listillo), su madre (matriarca), sus primas solteras y su hija Cecilia que da al lector cierta simpatía. Todos son presentados con actitudes chulescas como forma de criticar a la nobleza de entonces.

Esta familia suele ser muy ociosa y organiza una reunión con amigos: Ciceri (fotógrafo profesional) y Pellegrino Artusi (personaje que existió de verdad y que fue muy conocido por escribir en el s. XIX un libro de recetas). Esta reunión se celebra con motivo de las partidas de caza que van a realizar en la zona todos juntos, tras una gran cena y un preocupante malestar del conde, el cual tuvo que subir a su habitación a ver si mejoraba… se produce el asesinato en la bodega del joven mayordomo, Teodoro. A partir de este momento comienza la novela, los misterios, sospechas, intrigas… Marco Malvaldi utiliza el escenario de la antigua novela de misterio, un castillo, títulos nobiliarios… con lo que el resultado es una novela con un contexto decimonónico que podría ser calificado como una novela de misterio que se produce en un ambiente clásico.

El libro es fácil, sencillo al igual que la trama, además tiene un gran componente irónico que muchas veces lleva a la carcajada. Además, el libro está lleno de una gran crítica social

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Muere el escritor de novela policiaca Elmore Leonard

ELMUNDO:http://www.elmundo.es/elmundo/2013/08/20/cultura/1377007336.html

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El escritor y guionista Elmore Leonard ha fallecido este martes a los 87 años en su casa de Detroit, apenas tres semanas después de sufrir un derrame cerebral el pasado 29 de julio. La familia del autor anunció el deceso en la propia página web del escritor.

Leonard fue el responsable de textos que se hicieron realidad en la pantalla grande como ‘El tren de las 3:10’ (James Mangold), ‘Jackie Brown’ (Quentin Tarantino), ‘Get Shorty’ (Barry Sonnenfeld), ‘El infierno del whisky’ (Richard Quine) o ‘Los Cautivos’ (Budd Boetticher).

Otros títulos cinematográficos basados en sus historias fueron ‘Be Cool’, ‘Los crímenes del Rosario’, ‘Un romance muy peligroso’, ‘¡Que viene Valdez!’ o ’52 vive o muere’, entre muchas otras.

Elmore también alcanzó gran notoriedad con ‘Justified’, adaptación televisiva de sus novelas ‘Pronto’ y ‘Riding the Rap’, y el cuento ‘Fire in the Hole’.

Nacido el 11 de octubre de 1925 en Nueva Orleans (Luisiana), publicó sus primeras novelas (del oeste) en los años cincuenta. Se especializó después en historias policiacas, llegando a escribir más de 45 libros que terminaron adaptándose al cine.

El pasado año le fue concedido el premio a la carrera de la ‘National Book Foundation’, que destacó su “vibrante” trabajo literario y su “inimitable estilo de escritura”.

En un artículo publicado el 16 de julio de 2001 en ‘The New York Times’, Leonard exponía sus diez reglas a la hora de escribir un libro.

Estas reglas son: nunca empezar un libro hablando del tiempo; evitar los prólogos; usar sólo el verbo ‘decir’ en los diálogos; nunca añadir un adverbio junto al verbo ‘decir’; mantener los signos de exclamación bajo control; nunca usar las expresiones ‘de repente’ o ‘todo se desató’; usar dialectos regionales con moderación; evitar descripciones detalladas de los personajes; no abusar de los detalles a la hora de describir lugares y cosas; y evitar las partes que los lectores tienden a saltarse.


El diario del Vaticano publica una divertida reseña de la última novela de Dan Brown, «Inferno»

relifiónenlibertad.com: http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=30677

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«Mientras pasea entre célebres pinturas y estatuas, nuestro Robert describe la ciudad con la misma quieta y tranquilizadora monotonía de una guía turística». Es lo que escribió L’Osservatore Romano al analizar la última novela de Dan Brown, Inferno. «Es triste afirmarlo, pero es divertido –escribe el diario de la Santa Sede–, sobre todo para los que nacieron en Florencia y la conocen bien, pero también para los que la han visitado como turistas. Durante la lectura del thriller histórico-esotérico de Dan Brown sucede que uno se topa en pasajes con una comicidad involuntaria verdaderamente irresistible».

«Los indígenas –prosigue el artículo–, los tataranietos de Dante de la primera década del siglo XX descritos por el autor, son personajes extraños con costumbres incomprensibles: comían aceitunas al horno y desayunaban tripa a la florentina, invadían con nubes de humo mezclado con el aroma penetrante del café exprés los ascensores y todo ambiente cerrado, incluidos los hospitales, y llenaban de estatuas de hombres desnudos la plaza más importante de la ciudad».

«El profesor Robert Langdon –el mismo de El Código Da Vinci, Ángeles y Demonios, El símbolo perdido–, cuenta, desconcertado, por lo menos diez de ellas: además de la copia del David de Miguel Ángel y del Biancone de Ammannati, en la Piazza della Signoria hay incluso un ejército de sátiros al lado de Neptuno, Completamente desnudos, subraya con pudor bizarro». Además, no faltan los errores históricos, las inexactitudes, por lo que «en el fondo, los thrillers de Dan Brown son lectura de playa sin pretensiones, y en este caso la Commedia de Dante es solo un pretexto narrativo, una escenografía decorada con tintas fuertes para facilitar el trabajo de los escenógrafos que llevarán dentro de poco el “Infierno” a la pantalla grande».

«La narración –prosigue L’Osservatore Romano–, como glosa pérfidamente Monica Hesse, de The Washington Post, parece sacada de una guía Fodor’s, como cuando Langdon se interrumpe a mitad de una fuga, en un momento de vida o muerte, para recordar la historia de un puente. Es como tratar de resolver un misterio mientras llevas una audio-guía colgando de las orejas: “Deje usted a un lado este cuerpo y teclee 32 para conocer los detalles sobre el cofre de terciopelo que contiene la máscara mortuoria de Dante, en el Palazzo Vecchio. Para mayor información sobre los horarios del museo y los días feriados, espere la señal acústica. Gracias”».

Para L’Osservatore Romano, la verdadera pregunta que surge al leer el libro es: «¿Es posible que pasajes semejantes del libro hayan superado el filtro de un pelotón de editores y el sentido crítico del equipo de traductores dispuestos a dejarse encerrar en un búnker para mantener el secreto sobre el texto hasta el último momento? Misterios de los best-sellers contemporáneos».


‘La camarera’, de James M. Cain, un clásico de la novela negra

Árealibros.com:http://www.arealibros.es/libros/la-camarera-de-james-m-cain-un-clasico-de-la-novela-negra.HTML

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Última obra que escribió, nos sitúa ante un peligroso triángulo sentimental de avaricia, mentiras y violencia.

En los orígenes de la novela negra norteamericana, hay un tercero en discordia que acompaña a los grandes Dashiell Hammett y Raymond Chandler. Se trata de James Mallahan Cain (Annapolis, Mariland, 1892-1977), conocido, sobre todo, porque su novela ‘El cartero siempre llama dos veces’ ha sido llevada al cine en dos ocasiones pero autor igualmente de un puñado de relatos excepcionales. Ahora, el sello ‘Serie Negra’ de la editorial RBA recupera uno de ellos: ‘La camarera’.

Tras formarse en el Washington College y servir en Europa durante la Primera Guerra Mundial, Cain trabajó como periodista para ‘The Baltimore Sun’. Pero, cuando en 1932 firmó un contrato de guionista con la Paramount Pictures, creyó que su momento de fama había llegado.

No obstante y como más tarde sucediera con William Faulkner o Francis Scott Fitzgerald, tropezó con la burocracia del estudio y lo abandonó. Regresó entonces al periódico para el que había trabajado y, precisamente animado por su director, Henry Mencken, publicó su primera novela, la citada ‘El cartero siempre llama dos veces’, que le convirtió en escritor de éxito de la noche a la mañana. Después vendrían otras muchas como ‘Pacto de sangre’, ‘Una serenata’, ‘Mildred Pierce’ (también llevada al cine), ‘La mariposa’ o ‘La isla encantada’. La gran mayoría de sus obras se caracterizan por la aparición de la clásica “mujer fatal” que seduce a un hombre y lo convierte en criminal para servir a sus deseos. Además, muestran un alto contenido erótico para la época.

Todo ello se encuentra en ‘La camarera’, que ahora nos trae RBA y que fue la última novela que escribió. Joan Medford, una joven y bella viuda cuyo marido acaba de morir en un accidente de tráfico, se ve obligada a trabajar como camarera para subsistir. En el local donde lo hace, conoce a dos hombres muy distintos: un muchacho soñador y un anciano rico que le da grandes propinas.

Cuando éste último le propone matrimonio, ese triángulo explosivo salta por los aires a causa de la codicia de los jóvenes. Como decíamos, todos los temas habituales de Cain están presentes en esta novela: el sexo, la avaricia, el engaño o la violencia. La trama, además, se desarrolla con una absoluta y magistral precisión hacia el desenlace. No es de extrañar que el ‘Book Reporter’ haya calificado la obra como “una pesadilla intemporal y claustrofóbica?Una obra maestra del género negro”.


Los mapas de Alexis Ravelo

LasProvincias.es:http://www.laprovincia.es/cultura/2013/08/09/mapas-alexis-ravelo/550673.HTML

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La ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, en las novelas negras del escritor canario

Si la ficción aspira a aproximarse a la realidad, la novela negra sondea esa dimensión de la realidad que permanece en la penumbra. “Son las novelas que cuentan la cara B de la ideología”, afirma el escritor grancanario Alexis Ravelo, recientemente galardonado con el XVII Premio de Novela Negra Ciudad de Getafe por su última obra La última tumba, que saldrá a la luz el próximo mes de octubre. Pero a pesar del laureado éxito que han cosechado sus novelas criminales, desde los libros que componen la saga de Eladio Monroy hasta la reciente La Estrategia del pequinés, Alexis Ravelo prefiere escribir desde el lado de los perdedores. Yonquis, obreros, inmigrantes, dipsómanos, putas, jubilados, buscavidas y parados son los antihéroes que protagonizan las tramas urdidas por Alexis, donde las auténticas heroicidades residen en los pequeños actos de dignidad de los ciudadanos anónimos.

Crítico con las élites del poder que trepan por la escala social sobre las nucas de los ciudadanos, Ravelo no cierra los ojos ante el desorden y las desigualdades que vertebran el panorama social, sino que los cartografía y los transforma en novelas. Desde Eladio Monroy hasta Tito el Palmera, sus personajes conviven y se enfrentan a múltiples autoridades y medios de comunicación empantanados en la corrupción, blanqueadores de dinero y altos mandos o empresarios triunfadores que compran intereses y silencios. En la toma que inaugura la saga, Tres funerales para Eladio Monroy, la hornada de poderosos se caracteriza por ser ese tipo de personas que residen en mansiones o chalés y “miran todo desde lo alto”.

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Pero el escenario concreto en que se desarrollan las tramas de las citadas novelas es la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, “ciudad que amo y odio a un tiempo”, explica el autor grancanario, que la reviste siempre con lugares y elementos imaginarios para trasladarla al terreno de la ficción, pero siempre bajo el principio de verosimilitud. “Los autores literarios no hacemos mapas ni geografía, hacemos paisajes”, explica Ravelo, “la clave está en que el autor sepa novelar la realidad y que el lector se reconozca en ella”. Como el París de Cortázar o el Dublín de Joyce, Ravelo traza un microcosmos negro particular en el interior de los más de mil metros cuadrados que conforman la Isla, por cuyos paisajes desfilan y se encuentran los “supervivientes y buscavidas” que se descubren ante el lector. “La sociedad grancanaria me parece muy interesante porque tiene una gran estratificación y, sin embargo, hay una gran mezcla”, apunta el autor, “la intención de poetizar el paisaje siempre está presente en mis trabajos porque, como apuntaban Agustín Espinosa y Pedro García Cabrera, los creadores de las islas tenemos casi la obligación de mitificar el paisaje, de hacerlo leyenda, de poetizarlo”. Por lo general, Ravelo esboza el argumento en su mente antes de sentarse a escribir y, luego, estudia qué escenarios son plausibles y adecuados a ese argumento. “En otras ocasiones, me sirvo vilmente de planos o de Google Earth, pero eso tiene un problema: no hueles”.

Cuando Eladio Monroy abandona su domicilio, emplazado en la Calle Murga, número 15, toma la calle León y Castillo y se dirige al bar Casablanca donde, desde su mesa habitual de chapa galvanizada, hojea el periódico del día mientras paladea el cortado que indefectiblemente le sirve Polifemo Casimiro, propietario tuerto y multitareas del bar. Se trata de aquellos pequeños rituales que tejen nuestra rutina diaria, los mismos que posibilitarán que, por ejemplo, en Solo los muertos, Eladio Monroy siga la pista de Héctor Fuentes, un ejecutivo homosexual que huye a Gran Canaria con los oscuros secretos de una gran multinacional como equipaje. Amante de la buena literatura, como tantos personajes de Ravelo, Fuentes frecuentará la pequeña librería Ei2, que emula a las que adornan la Calle Mayor de Triana y cuyos libros son despachados por Gloria, la atractiva vecina de Monroy. El ex marinero localiza a Fuentes entre las estanterías para perseguirle por esta arteria principal hasta que el segundo se detiene en la antigua terraza de El Mordisco, donde Monroy le vigilará oculto detrás de la estatua del Doctor Negrín. A partir de entonces, la trama se interna en una espiral de crímenes, ardides e intrigas con todos los ingredientes del hard boiled, sazonados con la ironía, la subversión y los reveses más insólitos que Ravelo localiza en las calles de Gran Canaria.

Alto, corpulento, con la cabeza rasurada y una letra K tatuada en el antebrazo, Eladio Monroy es un antiguo jefe de máquinas de la marina mercante y divorciado, que complementa su pensión con trabajos esporádicos no muy legales para personas puntuales no muy fiables. Además, esta combinación tiene el aderezo de un talento innato para enfangarse en los asuntos más cruentos y turbulentos. En las novelas de Ravelo, los habitantes que conviven en Las Palmas de Gran Canaria se construyen en su ciudad, con la que se mimetizan y en la que se miran, de manera que en múltiples escenas del libro afloran todas las contradicciones que subyacen a las ciudades, las sociedades y a los individuos. “En los libros de Eladio Monroy, lo que mejor describe la ciudad no es un espacio o una calle concreta, sino el carácter de Eladio: me di cuenta de que este personaje era la ciudad”, explica Ravelo. Por este motivo, la personalidad de Eladio es un mosaico de oxímorons, claroscuros y contrastes: es un tipo sentimental y violento, duro pero tierno, superviviente y perdedor. Su vestimenta campechana se alterna con un perfecto dominio de Internet y, luego, suele emplear un lenguaje soez mientras, a un tiempo, lee a los mejores literatos. “Eladio representa a esa ciudad de los portuarios que, de repente, se ha metido en la globalización”, cuenta Ravelo, “es una ciudad que va muriendo y, a la vez, trata de sobrevivir, como mis personajes”.

Los recorridos por la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria a través de las vivencias de Eladio Monroy, el comisario Déniz o la dulce Gloria son también viajes por las autopistas internas de los personajes y, por tanto, constituyen un espejo al que enfrentarse en cada giro inesperado de la trama. Como en la vida, la certidumbre de la muerte acecha en todas las esquinas de las novelas de Ravelo. En esa inexorable partida donde el ser humano siempre pierde, Ravelo trata de poner al lector contra las cuerdas para cuestionar quiénes son los verdaderos criminales de la sociedad: ¿Un asesino a sueldo es peor que quien lo contrata? ¿Quién mueve los resortes del Estado de Bienestar y cómo se engrasa realmente esta maquinaria? ¿Puede llamarse democracia a una sociedad donde los grandes crímenes perpetrados por los más poderosos permanecen silenciados e impunes?

En La Estrategia del pequinés, Tito el Palmera toma la calle Veintinueve de abril, en el corazón del puerto de la ciudad, para desembocar en la lóbrega calle de Juan de Miranda, “la calle del pan duro, que por el día son la abulia y el vacío y, por la noche, la unánime sordidez del bajo fondo”. Para huir de la miseria y la desidia que roen a un tiempo su solitario hogar y su existencia, el Palmera discurre por la calle Venegas mientras trenza el sueño de fundar una cafetería con desayunos, menús y pasteles. Al mismo tiempo, en el sudeste de la isla, en la playa de El Burrero, Carlos el Rubio desliza la medicación de Estela en su desayuno mientras clama al cielo por la pronta recuperación de su mujer enferma. En este punto inicial de la trama, Ravelo abre un interrogante fundamental: ¿Hasta dónde es capaz de llegar un hombre con fe? Antes de mancharse las manos de sangre, los personajes de Ravelo acariciaban esperanzas y proyectos. Una vez atrapados en callejones grancanarios con salidas ausentes, algunos se aferran con avidez a las efímeras briznas de belleza que entraña la existencia, como hace el hombre grande en Los tipos duros no leen poesía, un asesino sin escrúpulos que halla consuelo en la poesía de Pepe Hierro y de Joan Margarit.

Pero la mayoría anhela una vida digna y apuestan su piel al alto coste de los sueños porque no tienen nada más que perder. “La novela negra es muy sartreana porque sus personajes están muy solos y tienen que decidir”, explica Ravelo, “es una novela existencialista porque nos habla del continuo acto de responsabilidad que supone asumir tu libertad como individuo”. La hermosa Cora, una prostituta de lujo cuya belleza languidece con la carga del tiempo, es la última en embarcarse en el peligroso atraco que planean El Palmera, El Rubio y Júnior al poderoso Larry, al que Cora tendrá que hechizar con sus encantos en un bar de la calle Mendizábal, en el casco histórico de Vegueta. Cuando los planes comenzaron a torcerse, la bella Cora expresó: “En este mundo solo hay dos tipos de personas: los ganadores y los perdedores. Y tú y yo no somos ganadores. La gente como tú y como yo pierde siempre”. Es posible que Ravelo se vengue y se reconozca en algunos de sus personajes, esos supervivientes que se mueven en el tablero de la vida y, sabiendo que van a perder, ” comparten la posibilidad de convertirse en un ser humano mejor”.

 


Mendoza: “La novela negra es la más social en estos momentos”

20minutos:http://www.20minutos.es/noticia/1894938/0/eduardo-mendoza/novela-negra-mas-social/libros-literatura/

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El autor catalán ha defendido el rol de un género literario en auge internacional. “La novela negra da una visión en forma de relato a los hechos que la prensa nos cuenta de forma fragmentaria y concreta”, ha indicado.

El escritor catalán Eduardo Mendoza ha alabado el rol social actual de la novela negra, un género en auge no sólo en nuestro país. Mendoza considera que la novela negra es la “más social” en estos momentos y que relatos como los de Petròs Markaris o Asa Larsson serán considerados como los más importantes de comienzos del siglo XXI, aunque ahora se piense que otras novelas son mejores. Y es que “la novela negra está cumpliendo una de las muchas funciones de la literatura, que es dar una visión en forma de relato a los hechos que la prensa nos cuenta de forma fragmentaria y concreta”, ha indicado.

El escritor español ha hecho estas declaraciones en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, en Santander, donde esta semana imparte el curso Los libros que hay que leer. Allí el autor de La verdad sobre el caso Savolta se ha preguntado por qué la literatura “debe ser gratuita” y no otras producciones culturales. “Ya sé que es muy difícil, que es impopular, que las autoridades se resisten y que hay una idea generalizada de que la cultura es un derecho y por lo tanto tiene que ser gratuita, pero no sé porque esto no se aplica al jamón y a la merluza porque el hecho es que esto se aplica al trabajo de unas personas y no de otras”, ha opinado Mendoza. Una “dieta equilibrada” de lecturas Respecto a los gustos, “tanto monta El Quijote como una novela de Agatha Christie si todo forma parte de una dieta equilibrada”, explica. No obstante, ha insistido en el fomento de la lectura, aunque ha admitido que es el propio lector “quien tiene que componérsela y decidir si quiere o no ser un burro toda su vida”. Mendoza también ha hablado de las nuevas formas de lectura y de la combinación del formato físico y los libros digitales, y ha considerado que “una cosa no va acabar con la otra”. Ha añadido que no cree que ambos formatos tengan que “ser enemigos, pero otra cosa son sus consecuencias en la industria”, ya que el libro en papel se grava con el IVA reducido (4%) y los electrónicos con el máximo (21%). Sin embargo, ha señalado que los ciudadanos deberían “utilizar todos los medios a su alcance” en base a las circunstancias y los gustos personales. En su caso, ha explicado que siempre lleva un e-book con una gran colección de libros porque viaja mucho, es de “naturaleza trashumante”, y este formato le permite estar en todo momento en contacto con la literatura.