Segundos negros: crónica negra y sentimental

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¿Qué tienen en común películas tan a priori dispares como Skyfall (2012), El caballero oscuro: la leyenda renace (2012) o El hombre de acero (2013), con novelas como Segundos negros? Pese a la variedad de tonos, la aparente diferenciación de sus públicos, todos estos títulos tienen una cosa en común: parten de materiales de la cultura popular —James Bond, los comics de Batman o Superman, los bolsilibros de género negro— pero les otorgan un tratamiento novedoso, que tradicionalmente no correspondería a dichos materiales.

Todos estos títulos sitúan al personaje por encima de la acción. James Bond deja de ser el héroe elegante que sabe compensar los momentos de tensión con un chiste oportuno. Ahora Bond, como corresponde a todos los héroes en la sociedad actual, se ve cuestionado, destronado, y antes de enfrentarse al enemigo, tendrá que enfrentarse a sí mismo y a la opinión pública para demostrar que sigue siendo necesario.

Los actuales narradores tienen que mantener con habilidad el equilibrio, superando los estereotipos que impone el desarrollo del género —ya no hay placas relucientes—, pero a la vez cultivando género para no decepcionar a los lectores. A menudo, estos intentos por humanizar el género cargando las tintas en la vida interior de sus protagonistas, no terminan de cuajar. Pero los resultados pueden ser muy estimables, si, como es el caso de Karin Fossum en Segundos negros, la trama es planteada con fluidez, está resuelta con oficio, y nos espera una sorpresa final coherente, que no sacrifica la lógica del relato.

Segundos negros demuestra que se puede escribir novela negra superando la nostalgia del pasado —nostalgia por la literatura de kiosko, por un mundo ya desaparecido—, aportando además una elegancia literaria que muchos agradecerán, alejándose también del férreo código que impone que estas lecturas solo pueden ser disfrutadas por los iniciados. Esta sencillez expositiva, la transparencia del estilo, conseguirán ir más allá cuando, como es el caso, la novela, sin necesidad de barbarizar, profundiza en una aparentemente idílica comunidad rural noruega, y demuestra que también allí se cometen crímenes.

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