«Teníamos ansia de vivirlo todo»

ELCORREO:http://www.elcomercio.es/v/20130711/cultura/teniamos-ansia-vivirlo-todo-20130711.html

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Antonio Skármeta evoca en la Semana Negra sus comienzos, su relación con Cortázar y el golpe de Estado de Pinochet

Descendiente de croatas que se fueron a América cuando la filoxera diezmó sus vides y olivos, al tiempo que escapaban de las levas que el Imperio Austro-húngaro realizaba en su pueblo, la isla de Brac, frente a Split, Antonio Skármeta (Antofagasta, Chile, 1940) también hubo de huir de su país cuando la dictadura de Pinochet clausuró las alamedas de la libertad.

El autor de ‘El cartero de Neruda’ participa hoy, en la Carpa del Encuentro de la Semana Negra, a las 20.30 horas, junto a Luis Sepúlveda, Paco Ignacio Taibo II, William Gordon, Alicia Giménez Bartlett y Andreu Martín, en la mesa redonda que recuerda los cuarenta años del golpe en Chile, con el subtítulo de ‘¿Dónde estabas tú?’

-¿Dónde estaba usted el 11 de septiembre de 1973, cuando se produjo el golpe de Estado de Pinochet?

-Estaba en mi casa de Santiago, en el barrio de Ñuñoa. Ya esperábamos el golpe de Estado y quienes habíamos apoyado al Gobierno de Allende teníamos instrucciones para reunirnos en nuestros lugares de trabajo. Yo, que era profesor en la Facultad de Filosofía, me dirigí a la Universidad.

-Fue la antesala del exilio, que viviría fundamentalmente en Alemania…

-Voluntariamente o a la fuerza, gran parte de los intelectuales abandonaron Chile. Muchos, con destino a Europa. En mi caso, fue el director alemán de cine Peter Lilienthal, que acababa de rodar aquella semana en Santiago, ‘La victoria’, quien me rescató. Me envió un fax al día siguiente del golpe, que decía: «Sal inmediatamente de Chile».

-¿Fue difícil adaptarse al destierro?

-Yo hubiera preferido los Estados Unidos, donde había hecho mi tesis doctoral, en la Universidad de Columbia. Mi cultura era anglosajona. Pero allí no tenía oportunidades de trabajo. En Alemania, con mi esposa y dos hijos, la adaptación fue poco a poco. No conocíamos la lengua alemana. A los tres años, empecé a sentirme más cómodo, ya traducían mis obras. Y, después, por ejemplo, fui profesor en la Academia de Cine de Berlín (Occidental).

-¿La caída de Allende supuso el principio del neoliberalismo, que se ha acabado convirtiendo en doctrina única?

-La vía chilena hacia el socialismo, democrática, constitucional, sin violencia, había despertado un enorme interés en todo el mundo. Y en ese momento, se truncó. Pero yo separaría el neoliberalismo, que ejerce una violencia más o menos tolerable sobre las gentes vulnerables, de la dictadura que encausó a todo el país, proscribió las ideas y asesinó. No me gusta ninguna de las dos opciones, pero el neoliberalismo puede ser una pulmonía grave y la dictadura es un cáncer.

-En la Universidad de Columbia, hizo su tesis sobre Julio Cortázar. ¿Cómo era el autor de ‘Rayuela’?

-En la tesis trabajé, precisamente, sobre ‘Rayuela’ y ‘El perseguidor”. Nos vimos muchas veces, al paso, en esos encuentros literarios que los escritores tenemos por el mundo. Pero recuerdo dos ocasiones concretas. Una, cuando acudió a la toma de posesión de Allende, sin que nadie le invitara. Le preparé un coloquio multitudinario con los estudiantes de la Facultad de Filosofía. Estaba en el pico de su fama. Fue grandioso. La segunda ocasión fue en Managua, tras el triunfo de los sandinistas, donde nos había convocado Ernesto Cardenal. También estaba allí Augusto Monterroso. Y apareció un cartero con un telegrama, preguntando por Cortázar. Le indiqué que era el que estaba al lado de un poste. Y Monterroso, con aquel ingenio rápido que tenía, me pregunta «pero bueno -ya se sabe que Cortázar era muy larguirucho-, quién es el poste y quién es Julio…». Era un hombre de una nobleza y una solidaridad impagables, tan grandes como su literatura y su amor por la música.

-¿Se han vuelto a abrir las alamedas, como profetizó Neruda, en Chile?

-Cortázar, que jugaba mucho con el pensamiento dicotómico, hubiera respondido: sí y no. Hemos vivido en una democracia vigilada, que se ha ido consolidando. Quedan cosas debajo de la alfombra. Y el gran debate actual es la reforma de la Constitución, que impuso Pinochet, con un sistema electoral muy astuto que impide que gobiernen las mayorías.

-¿Qué opinión se tiene del juez Garzón en Chile?

-Desconozco las cuestiones técnicas que le han apartado de la carrera judicial en España. En Chile, es entrañablemente querido por la mayoría de la sociedad. Sólo una minoría poco influyente de nostálgicos del pinochetismo creen que es una reencarnación del diablo. Comí con él en un restaurante de un barrio de Santiago, de aires más bien conservadores. Y cuando la gente lo reconoció en la salida le dio una ovación como no he visto jamás en la vida.

-Yendo a su biografía, tuvo de profesor de Filosofía en Chile a un discípulo de Ortega y Gaset. ¿Fue el modo en el que comenzó a conocer España?

-No, antes fue el teatro clásico y la poesía contemporánea. Incluso hice en teatro ‘La dama duende’, de Lope. En el Siglo de Oro está la identidad de España como cultura, el sentir, el decir y la luz. Y eso también está en Ortega.

-De su propia literatura, que comenzó con el libro de relatos que tituló ‘El entusiasmo’, la crítica dice que reúne los dos hemisferios americanos, la fantasía de Cortázar u Onetti, junto al ritmo de Mailer o el coloquialismo de Salinger y Kerouac. ¿Lo asume?

-El eje de la mirada era uno mismo y su grupo. Pero, es cierto, nuestras lecturas y curiosidades eran universales, literatura y cine norteamericano, la nueva novela francesa, Fellini, las comedias musicales, Elvis Presley… Teníamos ansia de vivirlo todo, tocar todas las campanas, salir con todas las chicas, beber todas las copas… El estilo literario resultante debe responder a esa avidez múltiple y abigarrada…

– Su novela más famosa, ‘El cartero de Neruda’, ha tenido más de cien versiones, en teatro, ópera, cine… ¿Se atrevería a elegir una?

-Ufff (duda). Me gusta la ópera, la película de Michael Redford (que obtuvo un Oscar), incluso yo he dirigido una película modesta, con José Manuel Parada, uno de cuyos hijos fue asesinado durante la dictadura, en lo que se llamó el caso de los degollados… Todas me emocionan…

-¿Nos define la Semana Negra en una frase?

-Basta con una palabra: luminosa.

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