Los Ángeles, capital de la novela negra

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José Emilio Burucúa es un erudito profesor argentino, autor estudios sobre la risa en el Renacimiento y otros ensayos sobre la modernidad. Escribió también unas memorias familiares, Enciclopedia B-S (Periférica), uno de los grandes relatos de la Europa del siglo XX. Durante una parte del año 2006, estuvo becado por la Fundación Getty en Los Ángeles y de que aquella experiencia nacieron unas deliciosas Cartas norteamericanas (Adriana Hidalgo), en las que mezcla unos conocimientos inmensos con una fascinación, teñida de estupor, por la ciudad de las autopistas y los centros comerciales. Burucúa es capaz de hablar de la huella de Ulises en el mundo contemporáneo, mientras describe una catedral que por fuera parece un parking. Pero, desde luego, su libro refuta la fama que Woody Allen se empeñó en dar a Los Ángeles, como una ciudad cuya “única aportación de la cultura occidental es poder girar a la derecha con el semáforo en rojo”. Además de albergar Hollywood, esta ciudad (que más que una urbe es casi un país) reúne cada vez a más artistas y creadores de todo tipo. Pero, por encima de todo, Los Ángeles es la capital de la novela negra, el lugar en el que Raymond Chandler reinventó un género que luego continuaron, en las mismas calles, James Ellroy y Michael Connely.

Uno de los grandes momentos de la estancia de Burucúa en Los Ángeles es la visita a la Biblioteca Huntington, una mansión de un magnate del ferrocarril de principios del siglo XX que, entre otras joyas, contiene una Biblia de Gutenberg y un ejemplar del Primer Folio de la obras de Shakespeare. Uno se imagina perfectamente viviendo en un sitio así a un personaje de Raymond Chandler, uno de esos millonarios misteriosos que contratan a Marlowe para resolver un caso imposible, que acaba por remover toda la porquería posible. Muchas veces los lugares se quedan atrapados en los tópicos que han difundido sus enemigos y es cierto que resulta difícil imaginar una Biblia de Gutenberg en Los Ángeles, una ciudad que los miembros de la Generación Perdida que tuvieron que trabajar en Hollywood, como William Faulkner y Francis Scott Fitzgerald, detestaron y criticaron sin piedad.Sin embargo, es la ciudad en la que se escribieron y transcurren alguna de las obras más importantes de la literatura estadounidense del siglo XX, novelas negras en su mayoría, obras como El sueño eterno o El largo adiós, de Raymond Chandler; Los Ángeles confidencial, La Dalia Negra o Mis rincones oscuros, de James Ellroy, o toda la saga del detective Harry Bosch, de Michael Connelly, con obras maestras como Echo Park, Eco negro o La caja negra.También escribieron sobre Los Ángeles Ross MacDonald, creador del detective Lew Archer, que conoce muy bien los bajos fondos que crecen en las grandes mansiones de Beverly Hills; James M. Cain –aunque Mildred Pierce, la gran novela angelina del autor El cartero siempre llama dos veces, no es policiaca– o Walter Mosley, cuyo detective Easy Rawlins recrea los grandes personajes de la novela negra clásica americana en obras como El diablo vestido de azul.

Hace tres años, la Serie Negra de la editorial RBA publicó en un solo tomo las siete novelas y dos cuentos protagonizados por el detective Philip Marlowe. Quizás con la excepción de Dashiell Hammett no se me ocurre una obra tan importante en la literatura negra del siglo XX. Y no se trata solo de que transcurra en Los Ángeles: son novelas y personajes profundamente ligados a la ciudad, a sus espacios y paisajes, pero también a esa cultura urbana en la que los individuos se pierden en la inmensidad, de bares a los que se llega en coche situados en ninguna parte, de casas de madera con vistas al Pacífico. Es una ciudad conocida por sus ganadores pero llena de perdedores. De una talla literaria comparable a la Chandler, los libros de James Ellroy constituyen uno de los retratos más devastadores de la sociedad estadounidense. La Dalia Negra, la primera novela del llamado Cuarteto de Los Ángeles (El gran desierto, L.A. Confidencial y Jazz Blanco son las otras tres), o Mis rincones oscuros, un libro autobiográfico sobre el asesinato de su madre, son obras muy difíciles de olvidar, de esas que cambian la visión del mundo. Y, de nuevo, no son trasladables a otra ciudad.

“L.A. juega un papel muy importante en la literatura americana porque ha estado siempre en el primer plano de los cambios sociales en Estados  Unidos”, dijo Michael Connelly en una conversación con este diario hace unos años, precisamente sobre la importante de la ciudad en la literatura estadounidense. “Creo que Los  Ángeles es la urbe más interesante de mi país porque es una ciudad de  destinos, de las últimas oportunidades, es una ciudad en la que todo  puede ocurrir. Tienes la impresión de que cualquier cambio social que se produzca en los próximos años empezará allí”.

Los Ángeles no se ha convertido en la ciudad/pesadilla que imaginó Riddley Scott en Blade Runner, basándose en una novela de Philip K. Dick, pero, en cambio, en la ciudad del mundo que vive una mayor mezcla de razas y culturas, que es precisamente lo que define sin duda el siglo XXI. Cuentan que William Faulkner, harto de Hollywood, dijo a sus jefes que se volvía a casa desde el estudio. Los ejecutivos entendieron que regresaba a su domicilio en Los Ángeles y que volvería al día siguiente pero Faulkner entendía por volver a casa ir a Oxford, Mississippi, y nunca regresó. Cualquier aficionado a la novela negra que quiera volver a casa, debe pasar por L.A.

ELPAIS: http://blogs.elpais.com/elemental/2013/07/la-capital-de-la-novela-negra.html?utm_source=twitterfeed&utm_medium=twitter

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