Archivo mensual: julio 2013

Los Premios Valencia se abren por primera vez a la novela negra con 71 obras presentadas

20MINUTOS: http://www.20minutos.es/noticia/1883398/0/premios-valencia-narrativa/poesia-abren-novela-negra/71-obras-presentadas/

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El auge del género en España ha llevado al concurso a añadir la modalidad.

La novela negra ganadora recibirá un premio de 20.000 euros y la edición del texto en formato papel y digital.

La iniciativa se une al festival literario Valencia negra, que se celebró en mayo.

La Institució Alfons El Magnànim (IAM), dependiente de la Diputación de Valencia y que cada año organiza los Premios Valencia, ha recibido un total de 71 originales de novela negra en el primer año en que se ha introducido esta modalidad en unos premios que reconocen la mejor obra de narrativa y poesía. La obra ganadora, que se conocerá el próximo noviembre, será premiada con 20.000 euros y la edición del texto a cargo de la editorial Lengua de Trapo en papel y en formato digital para libros electrónicos. Esta edición, un total de 410 obras optan a los galardones en las cinco modalidades convocadas. La modalidad que más originales ha recibido es poesía en castellano, con 185 obras, seguida de novela en castellano, con 115, y novela negra, con 71. Las convocatorias de poesía y narrativa en valenciano han recibido 19 y 20 obras respectivamente. La diputada de Cultura, María Jesús Puchalt, ha afirmado que el balance “es muy positivo”, puesto que es la primera edición del premio. La modalidad de novela negra será así este año la principal novedad de los Premios Valencia, que se crearon en el 1947, y que según Puchalt “son unos premios con mucha solera y categoría”. Un género que se consolida Puchalt ha explicado que la introducción de la novela negra en los premios que cada año otorga la Institució Alfons el Magnànim obedece al auge de este género a nivel mundial. La iniciativa de la Diputación de Valencia de introducir la novela negra como modalidad dentro de los Premios Valencia se une al festival literario Valencia negra, que se celebró el pasado mes de mayo y que está apadrinado por autores como Juan Madrid o Andreu Martín, y que reunió a medio centenar de artistas en la ciudad de Valencia en torno a la novela negra. “En España hay buenos escritores de novela negra”, ha afirmado Puchalt, quien ha destacado la importancia que tiene para la Diputación estos premios que, además, demuestran que literatura “está viva y hay mucha gente que se dedica a escribir”. El jurado encargado de otorgar el premio está compuesto por Alicia Giménez Bartlett, escritora de novela negra y autora de la saga Petra Delicado; Fernando Varela, editor de la editorial Lengua de Trapo y por Francisco Camarasa, Mariano Sanchis y Marina López Martínez.

 

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Maruja Torres gana el Premio Agustín Merello de la Comunicación

PÚBLICO.ES:http://www.publico.es/culturas/459759/maruja-torres-gana-el-premio-agustin-merello-de-la-comunicacion

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El jurado ha destacado “la trayectoria profesional” de la escritora y periodista catalana, así como su profundo compromiso con el periodismo digno

Maruja Torres (Barcelona, 1943)  ha sido la ganadora del XXIIPremio Agustín Merello de la Comunicación, un galardón otorgado por la Asociación de la Prensa de Cádiz (APC) y la Fundación Unicaja, y que estádotado con 5.000 euros y un diploma acreditativo diseñado por Rafael Alberti.

El jurado ha destacado “la trayectoria profesional” de la escritora y periodista catalana, así como su profundo compromiso con el periodismo digno. El galardón fue otorgado, el pasado 20 de julio, por la Asociación de la Prensa de Cádiz y la Fundación Unicaja y está dotado con 5.000 euros.

El jurado, compuesto por Tom Martínez Benítez, Aurora Labio, Baldomero Toscano, Juan José Téllez, Isabel Pedrote, Kitty Merello y Carmen Morillo, tras dar a conocer su veredicto, destacó el valor añadido de los escritos de la autora barcelonesa. Quien ha comentado: “Seguiré dando guerra mucho tiempo, aún no se ha fundido el plomo de la bala que me ha de matar y, además, los que disparan lo hacen muy mal”.

Resaltan a su vez el valor añadido de sus escritos que “añaden un toque de calidad, con unprofundo compromiso con la dignidad del periodismo, amenazado por la precariedad, las pérdidas de valores cívicos y el control económico o político del derecho a la libertad de información”.

Tras casi cincuenta años de carrera, Maruja Torres ha abarcado todos los géneros periodísticos: articulista de opinión, corresponsal en conflictos internacionales, colaboradora en medios digitales… Motivos que han sido determinantes para que haya recibido este galardón y un diploma acreditativo diseñado por Rafael Alberti.

El premio Agustín Merello de la Comunicación, que se entregará el próximo sábado en la Velada de la Prensa, premia la trayectoria de un profesional y su compromiso. El año pasado fue otorgado al reportero gráfico Emilio Morenatti.


La novela negra vive en Los Ángeles

ÁREALIBROS: http://www.arealibros.es/literatura/la-novela-negra-vive-en-los-angeles.html

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Muchos de los grandes del género tomaron como escenario para sus historias la ciudad californiana: Raymond Chandler, James Ellroy o Michael Connelly son tres buenos ejemplos.

Ahora que está de moda la narrativa policíaca venida de los países nórdicos y, en consecuencia, ambientada en gélidos paisajes y urbes nevadas, no estaría de más recordar a otra ciudad bastante más cálida que ha albergado muchas de las mejores historias clásicas de sabuesos: Los Ángeles. Fundada por los colonizadores españoles, constituye el mayor asentamiento de población de California y uno de los más grandes de Estados Unidos, además de acoger una amalgama de razas originada por su historia y sus vicisitudes políticas.

La causa de que sea tan relevante para la novela policíaca en particular y para la literatura norteamericana en general fue explicada por Michael Connelly, uno de los maestros del género detectivesco, hace unos años: “Creo que Los Ángeles es la urbe más interesante de mi país porque es una ciudad de destinos, de las últimas oportunidades, es una ciudad en la que todo puede ocurrir”.

Efectivamente, ya desde los orígenes de la novela negra, la urbe ha sido el escenario perfecto. En ella situó Raymond Chandler(Chicago, 1888-1959), uno de los fundadores del género, las andanzas de su gran creación, el duro sabueso Philip Marlowe. Relatos como ‘El sueño eterno’ ?obra que lo dio a conocer- y ‘El largo adiós’ se desarrollan en las calles de Los Ángeles. También su colega James M. Cain (Annapolis, 1892-1977), famoso por su novela ‘El cartero siempre llama dos veces’ e igualmente pionero de la narrativa policíaca al estilo norteamericano, situó en ella otra gran historia: ‘Mildred Pierce’, aunque ésta no puede incluirse dentro del género negro. Sí pertenecen a él y tienen como escenario la ciudad angelina las aventuras de Lew Archer, detective creado por Ross MacDonald (Los Gatos, 1915-1983), californiano cuyo verdadero nombre era Kenneth Millar y al que se considera heredero directo del citado Chandler y de Dashiell Hammet.

Pero no es sólo que Los Ángeles sirva como mero marco espacial para estos relatos sino que sus personajes están profundamentevinculados a la ciudad, a sus espacios y a sus gentes. Muchos de ellos -casi todos- pertenecen a esa clase de hombres frustrados pero que aún conservan su honestidad e independencia tan abundantes en la población angelina (y en cualquier otra) por contraposición a los ricos a cualquier precio.

Un perfecto y devastador retrato de esa sociedad nos lo brinda, precisamente, otro maestro del género negro que ambienta en la urbe californiana gran parte de sus novelas: James Ellroy (Los Ángeles, 1948), autor de una tetralogía bautizada como ‘Cuarteto de Los Ángeles’ y compuesta por ‘La Dalia Negra’, ‘El gran desierto’, ‘L. A. Confidencial’ y ‘Jazz blanco’. Justamente éste nos ha dado también un libro autobiográfico sobre el asesinato de su madre, ‘Mis rincones oscuros’, que muestra lo más recóndito y brutal de una ciudad cuya superficie brilla por su opulencia.

Tampoco podemos olvidar en este somero repaso a otro angelino, Walter Mosley (Los Ángeles, 1952), creador del detective Ezequiel “Easy” Rawlins, veterano de la Segunda Guerra Mundial que se instala en la urbe huyendo de los recuerdos del conflicto y que aparece, por vez primera, en ‘El diablo vestía de azul’. Ni, por supuesto, a Michael Connelly (Filadelfia, 1956), con su personaje Harry Bosch, detective del Departamento de Policía de Los Ángeles y protagonista de historias como ‘El eco negro’‘El último coyote’ o ‘El veredicto’. En definitiva, la ciudad californiana podría ser calificada como “capital de la novela negra norteamericana” y es recomendable que todo aficionado al género pase, al menos, una vez por ella.


‘Chicas malas’, de Martina Cole

ÁREALIBROS: http://www.arealibros.es/libros/chicas-malas-de-martina-cole.html

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La inspectora Kate Burrows, vieja conocida para los seguidores de Cole, debe enfrentarse a un frío y metódico asesino en serie.

Frecuentemente identificamos a las organizaciones delictivas con la “Cosa Nostra” italiana o con sus herederos estadounidenses que, desde los años veinte del pasado siglo, se han enseñoreado de determinados negocios ilegales pero muy lucrativos. Sin embargo, existen otro tipo de asociaciones criminales mucho menos glamurosas que mueven menos dinero pero pueden encontrarse en todas las grandes ciudades del mundo y Londres no es una excepción.

Buena prueba de ello son las novelas de Martina Cole (Essex, 1959), ambientadas en los bajos fondos londinenses y plagadas de chulos y prostitutas a los que retrata en toda su crudeza, a pesar de lo cual han llegado a millones de lectores que le han permitido entrar a formar parte del selecto club de los escritores multimillonarios.

Quizá ese realismo de sus relatos se deba a que conoció esos ambientes de propia mano, pues tuvo una época oscura en que mantuvo relaciones con un hombre que robaba bancos, aunque ella entonces no lo supiera. Pero, además, posee otra fuente de inspiración inagotable para sus historias: los “tabloides” británicos de los que extrae constantemente historias de violencia y sexo. Claro que eso no basta, además Cole sabe dotar a sus obras del necesario aliento y lenguaje crudo que les proporciona una brutalidad no apta para todos los lectores. Algo que llevó al crítico de ‘The Times’ a señalar: “Leer una novela de Martina Cole es una experiencia sorprendente. Cuando llevaba leídos unos cuantos capítulos tuve que cerrar el libro con el corazón sobresaltado y recuperar el aliento”.

Lo decía respecto a su última novela, ‘Chicas malas’, que ahora publica en España Alianza Editorial. Para ella, ha recuperado a su personaje de cabecera, la investigadora Kate Burrows, vieja conocida para quienes hayan leído ‘El asesino de mujeres’. En esta ocasión, debe trabajar unida a la inspectora Annie Carr. Ambas deben enfrentarse a un criminal que mata y mutila a prostitutas.

Cole nos lleva a un vertiginoso recorrido por los bajos fondos londinenses y a un mundo tan sórdido como el de la prostitución para capturar a un asesino en serie que carece de escrúpulos pero sabe moverse muy bien por esos ambientes. Una novela tan fácil de leer por lo sencillo de su redacción como difícil por su crudeza. Parece mentira que uno de los maestros reconocidos de la autora británica sea Charles Dickens. En suma, un relato no apto para lectores excesivamente sensibles.


Nuestra selección veraniega (títulos que leeremos)

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Danny Morton viaja desde Chicago hasta Marksonvile en busca de Lorna Moore, su viejo amor, de quien intenta obtener una nueva oportunidad. Piensa que en esa tarea le ayudarán los veinte mil dólares que lleva en su maletín

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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En un caluroso día de verano, Amy y Nick se disponen a celebrar su quinto aniversario de bodas en North Carthage, a orillas del río Mississippi. Pero Amy desaparece esa misma mañana sin dejar rastro. A medida que la investigación policial avanza las sospechas recaen sobre Nick. Sin embargo, Nick insiste en su inocencia. Es cierto que se muestra extrañamente evasivo y frío, pero ¿es un asesino?

Perdida arranca como todo buen thriller que se precie: una mujer desaparecida, una investigación policial… Pero es que Perdida no es solo un buen thriller. Es una obra maestra. Un thriller psicológico brillante con una trama tan apasionante y giros tan inesperados que es absolutamente imposible parar de leer. Perdida es también una novela sobre el lado más oscuro del matrimonio, sobre los engaños, las decepciones, la obsesión, el miedo. Una radiografía completamente actual de los medios de comunicación y su capacidad para modelar la opinión pública. Pero sobre todo es la historia de amor de dos personas perdidamente enamoradas.

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Tokio ha sido gravemente dañada por los bombardeos aliados, la población se muere de hambre mientras los vencedores, déspotas y brutales, ocupan el territorio. En medio del calor y del caos, el inspector de policía japonés Minami se dirige sin mucha convicción a la escena de un crimen.

Una mujer joven aparece estrangulada en un parque de la ciudad y Minami intuye que es cuestión de tiempo que más mujeres aparezcan muertas. Adicto a los calmantes y sumido en las redes del señor del crimen local, Minami se esfuerza por averiguar el origen de estos crímenes complejos y escalofriantes, cada vez más convencido de que su propio pasado y sus más oscuros secretos están ligados a los del asesino.

«No tengo inconveniente en decir que David Peace es el futuro de la novela negra. Es el James Ellroy británico, tiene un talento extraordinario.»

Ian Rankin

«David Peace es uno de los novelistas más relevantes, salvajes y geniales que han surgido del Reino Unido en las últimas tres décadas.»

Javier Calvo

«Escribe con eléctrica precisión. Frases cortas y aisladas, que diseccionan como cuchillos la trama que avanza.»

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Valencia como escenario y en plena crisis económica, donde las costumbres de una generación acomodada ya no se sostienen, Antonio Bataller, una pieza más de ese sistema en ruinas, pasa a formar parte de la fracción de la sociedad, cada vez más extensa, afectada por el exceso de desocupación y de ocio obligatorio. Con la única perspectiva de dejar pasar el tiempo y a la espera de que la situación se solucione por sí sola, este joven en paro, ex directivo de una empresa inmobiliaria y acostumbrado a un ritmo de vida acelerado y exitoso, se ve envuelto en una investigación policial por culpa de sus inseparables colegas de toda la vida. Entre drogas, sexo y engaños buscará la manera de enderezar su situación, en una lucha constante por tomar el camino correcto. Serán decisiones difíciles, inesperadas y que marcarán un antes y un después en su vida. El amor y la lealtad definirán un punto de inflexión en el que nadie desearía encontrarse nunca.

De la mano del protagonista, como si de una cámara se tratase, pasaremos por la hiperrealista descripción de una sociedad actual, urbanita y cambiante en la que nacen los nuevos criminales, y descubriremos el impulso escondido que mueve a los personajes a cometer los delitos más miserables.

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A finales del siglo XIX, Moisés Corvo, un joven y rebelde soldado barcelonés, destinado en el destacamento español del norte de África, es acusado de indisciplina, robo y traición y trasladado a la isla de Fernando Poo, antigua Bioko.

El destacamento de Santa Isabel, conocido como Villa Penitencia, alberga toda clase de escoria social, ya que todos sus residentes tienen alguna falta que purgar. Pero Corvo no logra pasar desapercibido, tanto por su carácter bravucón como por su facilidad innata para meterse en líos. Intentando resolver la desaparición de Rosario, la mujer nativa de uno de sus contactos en la isla, Corvo presencia una terrible matanza de indígenas. La isla será entonces escenario de extraños acontecimientos, que bien podrían cambiar por completo el destino de sus habitantes y de toda la civilización.


Joseph Kanon habla del precio del engaño en su última novela, “Estambul”

ELDIARIO.ES: http://www.eldiario.es/politica/Joseph-Kanon-ultima-novela-Estambul_0_156084557.HTML

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El escritor estadounidense Joseph Kanon recupera la oscuridad y la intriga de las historias de espías en su última novela, “Estambul”, en la que dibuja “el precio que pagamos por nuestros engaños y la necesidad de trazar nuestros propios límites morales”, según ha dicho en una entrevista con Efe.

Kanon (Pennsylvania, 1941) regresa a la novela negra con una historia “sobre la lealtad” ambientada en la Turquía de 1945, en un momento en el que los cañones de la Segunda Guerra Mundial se han apagado y el bien apenas se distingue del mal.

En este contexto, el lector conocerá a Leon, un estadounidense que, al estallar el conflicto bélico, huye a Estambul junto a su mujer Anna. Allí, el protagonista se sumergirá en el mundo del espionaje y el contrabando, alcanzando una profundidad tan oscura que acabará por impedirle respirar.

“Leon es un hombre de negocios que se siente atraído por el mundo clandestino y que se encontrará repentinamente ante un peligro inesperado”, ha señalado Kanon.

Así, “Estambul” (RBA) evoca el onírico ambiente de “la auténtica Casablanca”, la de la película dirigida por Michael Curtiz y protagonizada por Humphrey Bogart e Ingrid Bergman. Una ciudad neutral, repleta de personas que desean olvidar la sangre derramada mientras, en secreto, se engendran los embriones de la Guerra Fría.

Pero no todos son capaces de mantenerse al margen del conflicto y Leon, en un acto de “patriotismo”, ayudará al Gobierno estadounidense con un último encargo. Descubierto en plena misión, deberá esconderse del fuego enemigo y en su fuga empezará a cuestionarse sus propias lealtades.

“Su conversión hacia el lado oscuro del espionaje es también una conversión moral”, ha comentado el autor sobre un personaje que, de tanto huir de sí mismo, acabará por refugiarse en una masoquista historia de amor.

“¿Qué ocurre cuándo la guerra acaba?” fue la pregunta que inspiró a Kanon frente a la hoja en blanco. Las intrigas, la vigilancia cuando no existe un enemigo al que observar o la difícil supervivencia cuando se pierde la identidad son algunos de los caminos que se abren entre la prosa del escritor en “Estambul”.

De este modo, Kanon describe la tensión de los ojos celosos; el panóptico invisible y la persecución paranoica, elemento siempre dulce para guiar una historia sobre heridas de guerra.

Situada en un exótico espacio, la ciudad más europea de Turquía dota de color y personalidad a esta novela. “Creo en pasear por las calles y conocer los barrios para adentrarse en el corazón de una ciudad”, ha comentado Kanon, que se ha servido de antiguos mapas y fotografías de la ciudad del Bósforo para ambientar “Estambul” en este periodo.

Una dramática historia de mentiras, traición y sangre, iluminada por una aventura romántica que nada tiene que ver con los estereotipos establecidos, ya que será el mismo Leon quien se castigue por sus sentimientos.

“Su mujer representa el pasado feliz que jamás regresará”, ha destacado Kanon sobre Anna, ferviente defensora de los derechos de los refugiados, que se encuentra en estado catatónico tras sufrir un accidente.

Sin embargo, Leon sentirá la necesidad de justificarse siempre ante ella hasta que Kay aparezca inesperadamente en su vida. “Esta historia de amor es la columna vertebral de la novela y representa el dilema moral del protagonista, atrapado en una fuerte pasión que pondrá a prueba la lealtad hacia su mujer”, ha dicho Kanon.

Una relación que “refleja la ambigüedad” de este libro dominado por diálogos rápidos, escuetos y desordenados que confunden al lector pero que proporcionan ritmo a una historia dramática e inteligente repleta de dobles sentidos.

“¿Acaso no es así cómo funciona la vida? A veces descubrimos que nuestras primeras impresiones eran erróneas y que las personas son más complicadas de lo que pensábamos”, ha comentado Kanon sobre unos personajes complejos, llenos de dudas, reflexiones y contradicciones.

“Estambul” es la última pieza del puzzle de novela negra de Kanon que podría conformar una pequeña biblioteca con cada uno de sus títulos publicados, entre los que destacan “El buen alemán” o “Los álamos”.

Historias ambientadas en los rescoldos de la Segunda Guerra Mundial que han permitido al autor “conocer cómo diferentes lugares vivieron la misma guerra de modos tan distintos”.

La Alemania devastada, el triunfalismo estadounidense y, ahora, la neutralidad de Turquía son algunos de los rincones por los que Kanon ha viajado acompañado de su pluma.

“Este periodo fue el inicio de nuestro mundo, en el que personas corrientes tomaron decisiones que nos han afectado durante décadas. Un periodo dramático y también muy interesante”, ha señalado el escritor, que ha destacado que su próxima novela se desarrollará en el Berlín de la posguerra, “un pequeño paso” que le aleja de la metralla bélica.

Su tratamiento exquisito y detallado de la psicología le han convertido en heredero de Graham Greene según la crítica. Ese estilo personal, presente también en “Estambul”, le ha consagrado como uno de los mejores escritores de “intriga ética” del momento.

La confusión entre religiones, el trauma de la guerra y el conflicto moral son protagonistas de “Estambul”, una novela que demuestra que hace tiempo que la vida dejó de verse solo en blanco y negro.

 

Por Andrea Rullán


GILLIAN FLYNN (Las mujeres son violentadas)

QUELEER: http://www.que-leer.com/21143/gillian-flynn.html

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Él dijo, ella dijo, él volvió a decir… es la encrucijada habitual de cada matrimonio. En “Perdida” (Mondadori / La Magrana), no obstante, la escritora de Missouri ha ido un paso más allá. ¿Mató Nick Dunne a su esposa Amy en la mañana de su quinto aniversario de boda? Puesto que se trata del “thriller” psicológico más fascinante de los últimos tiempos, les recomendamos que no se fíen de nadie. Ni siquiera del firmante de este artículo. texto MILO J. KRMPOTIC’ foto DANA ROSSINI

A los 7 años, es de suponer que entre episodios de los Muppets y alguna reposición de La familia Brady, Gillian Flynn vio por vez primera Psicosis, cortesía de un padre que impartía clases de cine y que debía defenderse mejor desde la teoría fílmica que ejerciendo la más elemental pedagogía. El caso es que la pequeña y pizpireta muchacha se obsesionó con el sangriento clásico de Hitchcock, imitó ante el espejo “millones de veces” la torcida expresión de Anthony Perkins en el plano final de la película, y no tardó demasiado en buscar ecos literarios para aquella morbosa fascinación en la sección de misterio de la biblioteca local, donde devoró las obras completas de Agatha Christie. Sumamos así dos referentes criminales y británicos en la formación de una escritora tan dispuesta a descolocarnos como su lugar de origen: Kansas City, la ciudad de las más de doscientas fuentes, que no pertenece al estado de Kansas y sí al vecino Missouri. Luego, durante la adolescencia y los años de universidad, irían llegando Stephen King, Joyce Carol Oates, Thomas Harris… Maestros del escalofrío, creadores de perturbadores retratos psicológicos, sin duda. Pero la doblez de que han acabado haciendo gala los personajes de Flynn nos remite al otro lado del charco. O, por lo menos, tal y como ha observado algún avispado crítico, a la más europea de las autoras norteamericanas de género negro: Patricia Highsmith.

Sentado lo cual, regresemos brevemente al clan Brady. Porque Flynn asegura haber tenido una infancia feliz, tanto en términos familiares como académicos, y ese amable costumbrismo norteamericano de esposas que hornean pasteles, de maridos que salen a beberse una cerveza al porche mientras el sol se pone tras las Montañas Rocosas, ha acabado constituyendo un elemento primordial de la ecuación. Porque toda casa familiar ineludiblemente alberga sus rincones oscuros, si no una buena colección de esqueletos en cada uno de sus armarios. ¿Y qué mejor testigo de todo ello que ese televisor permanentemente encendido en el corazón de la sala de estar?

Nada más ingresar en la nómina redactora de Entertainment Weekly, Flynn fue enviada a cubrir rodajes como el de El Señor de los Anillos, en la siempre lejana Nueva Zelanda, pero acabó encontrando su nicho precisamente como crítica catódica de la revista. Si bien hoy día se declara obsesionada por series como Homeland y 30 Rock (esto es, un señor thriller psicológico y una de las sitcoms más absurdamente inteligentes de los últimos años), desde el epílogo a Perdida, Rodrigo Fresán nos invita a olvidarnos de los dichosos Brady aportando un nuevo referente: el show de Jerry Seinfeld y sus monólogos, doblemente acerados en cuanto camuflan su filo bajo una sonrisa desarmante.

Sexo débil, sexo oscuro

Lo mismo que con Nick Dunne, la parte contratante masculina de Perdida; lo mismo, de hecho, que con miles de sus colegas de profesión, la crisis de la prensa escrita dejó a Gillian Flynn sin trabajo. A diferencia de Dunne y de miles de sus colegas de profesión, no obstante, Flynn tenía los deberes hechos y el despido la pilló residiendo ya en Chicago, con una novela publicada y otra a punto de ver la luz.

La primera, Sharp Objects (“Objetos cortantes”), cuenta cómo una periodista del tres al cuarto regresa a su Missouri natal para cubrir el asesinato de dos preadolescentes, lo que la obliga a lidiar con una madre neurótica y con su propia tendencia a la automutilación, aquí plasmada en las palabras que suele grabar corte a corte sobre su propia carne (tomen nota: fémina perturbada número uno).

Uno no se puede fiar de las heroínas de Flynn ni cuando le hablan desde ultratumba.

Dark Places (“Lugares oscuros”), por su parte, escarba en las dudas que afectan a una treintañera veinticinco años después del asesinato de su madre y hermanas en la granja familiar de Kansas: ¿y si el responsable de la masacre no hubiera sido su hermano, tal y como ella misma aseguró ante la policía? La respuesta es tan evidente como bífida: ese hermano lleva dos décadas largas encerrado injustamente y el criminal continúa suelto, quién sabe si dispuesto a cubrir su rastro con nuevas paladas de sangre.

Por un lado, sumamos un segundo personaje femenino tan fiable como una piraña en un bidé. Por otro, los conceptos clave “granja + familia asesinada + Kansas” hacen que nuestro Google mental se apresure a añadir el A sangre fría de Truman Capote a la pira de influencias. Y, por un tercero, aclararemos que, si bien ambos títulos fueron objeto de una calurosa recepción crítica (elogios de Stephen King y Harlan Coben incluidos), haciendo honor al tópico, lo mejor estaba aún por llegar. Y más de dos millones de lectores norteamericanos han dado fe de ello.

Atracción fatal

El matrimonio como ficcion basada en hechos reales. El matrimonio como realidad plagada de pequeñas ficciones. Las mentiras por omision, las verdades excesivamente explicitadas. Las expectativas ajenas, las inseguridades propias y la ristra de frustraciones en que se traducen. Todo ello forma parte de ese tour de force psicológico que es Perdida. ¿Violencia doméstica? No lo saben ustedes bien…

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Missouri, 5 de julio (esto es, el día después de la fiesta grande de las barras y estrellas): Nick y Amy Dunne deberían estar celebrando su quinto aniversario de boda. Sucede que su matrimonio lleva dos años sumido en una crisis paralela a la que les ha hecho perder el trabajo, los ahorros y su vida de ensueño en la Gran Manzana. Pero, sobre todo, sucede que ella ha desaparecido. Señales de lucha en el salón, rastros de sangre en la cocina (¡maldito Luminol!). ¿Están pensando lo que yo? El culpable suele ser el marido… más que más cuando no había comprado el preceptivo regalo ni había reservado mesa para la correspondiente cena romántica. Nick es un tipo atractivo, con problemas de dinero y demasiados trapos sucios como para salir bien parado de una situación tan comprometida. Los capítulos que lo tienen como narrador nos lo recuerdan constantemente; los procedentes del diario íntimo de Amy, llenos de amor, no hacen más que anudar la soga en torno a su cuello. Él dice, pero ella había dicho… Y, en lo que a los Estados Unidos respecta, la verdad se basa menos en los hechos que en el capricho de la opinión pública. Quien controle la información tendrá mucho ganado. Y nadie maneja sus palabras y silencios mejor que una mujer, por más que estos procedan de ultratumba.

Regresemos brevemente a Gillian Flynn, a su infancia, que hace nada catalogábamos de feliz. No mentíamos, ella misma la ha definido así. Pero nos faltaba añadir otro adjetivo: “turbia”. Como la de tantos hijos de vecino, claro: ella era la niña que disfrutaba alimentando a las arañas del lugar con hormigas vivas, que simulaba maltratar a sus primos e impedía que pidieran auxilio a través de un teléfono de juguete, que se iniciaba en los misterios de la carne zapeando por las películas de porno blando que emitían los canales de cable… Ya en la adolescencia, no obstante, echó a faltar ese “vocabulario para el sexo y la violencia” que sí aparecía en las conversaciones de los chicos, habida cuenta especialmente que “algunas de las relaciones más perturbadoras y enfermas que he testimoniado tuvieron como protagonistas a amigas del alma o madres e hijas”. Su obra, a la sazón, no hace más que rellenar ese vacío. Quedan avisados, pues. n