Víctor del Árbol se sumerge en el dolor humano

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Respirar por la herida es la nueva novela después del éxito obtenido en Francia con La tristeza del samurai

Una placa por palabras. Eso fue lo que lo hizo Víctor del Árbol (Barcelona, 1968) cuando se dio cuenta de que podía vivir de la literatura y de lo que hasta el pasado verano era su gran afición debía ser su meta. Dejó la placa, la pistola y el uniforme de mosso d´esquadra de la Generalitat de Cataluña después de veinte años y lo cambio por un ordenador en el que ir contando sus historias. En su última novela  Respirar por la herida (Alrevés) el autor ha sabido captar a través de sus personajes el dolor del alma, el sufrimiento de la mente. Pone a sus personajes al límite para sortear situaciones adversas de la vida.

Punto de partida: la tragedia que sufre el protagonista de Respirar por la herida Eduardo, un pintor para quien nada tiene sentido tras la muerte de su mujer y su hija en un accidente de coche. El escritor le da elementos para dar la vuelta a la vida cuando una famosa violoncelista, Gloria Tagger, le contrata para pintar un cuadro: el retrato de Arthur, el autor de la muerte de su hijo. “Antes de esa vuelta intenta dejarse morir creyendo que su vida no tiene razón de ser. Nuestra existencia nos demuestra que de repente lo podemos tener todo y cuando menos te lo imaginas el mundo empieza a tambalearse bajo tus pies”, puntualiza Del Árbol. ¿No estamos preparados para la muerte? “Tenemos una idea teórica de lo que significa, pero mientras vivimos nos consideramos inmortales y creemos que es algo que les sucede a los demás. Cuando llega a nosotros el mazazo es tan brutal que nos produce un abismo. Pero no soy de los que permite resignarse a mis personajes”, puntualiza el escritor.

Víctor del Árbol ha publicado tres novelas y con las dos primeras obtuvo sendos premios.El peso de los muertos fue galardonada con  el Premio Tiflos por su primera novela  y  La tristeza del samurai recibió el galardón a la mejor novela negra europea en 2012, Le prix du Polar Européen, que lo otorga la revista Le Point, y se ha convertido en un bestseller al lograr vender más de 50.000 ejemplares en la colección de novela negra Actes Sud.

El autor de Respirar por la herida quiso ser escritor desde que recuerda y fue ese premio en Francia lo que le impulso a dar el salto definitivo. A cumplir su sueño. “Yo me he sentido escritor siempre, lo que ocurre es que tienes que vivir. He tenido un trabajo que me ha permitido conocer bien la parte más oscura del ser humano. Trabajando de policía te encuentras con un abanico de personajes, que son la vida misma. Lo que ocurre dentro de las comisarías o de las cárceles es un espejo de lo que está fuera, en la calle, aunque oculto”, señala Víctor del Árbol.

La vida del creador de Respirar por la vida ha discurrido por diferentes lugares antes de llegar a la literatura. Fue seminarista durante cinco años en el seminario de Ntra. Sra. de Montealegre y 20 policía autonómico en Cataluña. ”El dejar todo fue una especie de liberación y decirme a mí mismo que ahora estaba en el camino adecuado”, indica. No sabe si es por superstición o porque le reconforta pero antes de empezar un libro se encierra durante un tiempo en las celdas del monasterio de Montserrat. “Me da paz interior. No soy religioso, pero si transcendental”. Cuando finaliza el libro suele dejarlo en el monasterio de Montserrat para quien lo encuentre.

Su anterior novela, La tristeza del samurai (Editorial Alrevés), es un thriller que transcurre entre la posguerra española y el golpe del 23-F. El escritor cree que la novela en Francia se interpreta más en clave de posguerra que de thriller, “ya que allí existe toda una generación de franceses, hijos y nietos de republicanos españoles, expatriados en busca del redescubrimiento de las raíces de sus padres y sus abuelos en España”.

Del Árbol ha conseguido también que su novela se edite en Holanda, Rumanía, el Reino Unido y Estados Unidos y tiene prevista su inminente edición en Brasil, Italia, Polonia, Macedonia e Israel.

En La tristeza del samurai, la abogada María Bengoechea sirve de hilo conductor para desbrozar los misterios de dos familias implicadas en el crimen de Isabel Mola (1941), que salpica a tres generaciones durante treinta años.

ELPAIS: http://blogs.elpais.com/elemental/2013/06/v%C3%ADctor-del-%C3%A1rbol-se-sumerge-en-el-dolor-humano.html?utm_source=twitterfeed&utm_medium=twitter

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