Genoma Soprano

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Está tan claro como que la venganza es un plato de ñoquis que se sirven fríos (o mejor dicho, más que fríos, ultracongelados): los mafiosos, sean del sindicato criminal que sean, controlan desde hace mucho tiempo el submundo del ‘noir’. Y es que no hay nada más negro que los turbios asuntos de la Cosa Nostra. Como decía Jeanette en aquel hit setentero, ellos -los gángsters- son rebeldes porque el mundo los ha hecho así. Igual que en el chiste del escorpión, el mal forma parte de su pútrida naturaleza.

Lo llevan dentro. Al igual que su adhesión al clan. No pueden evitar ser corruptos y viven en constante estado de ‘gürtelización’. Tal que los políticos españoles, aunque con mucho mejor gusto a la hora de vestirse. Y haciendo Marca Italia allá por donde aterrizan. La mayoría viola, roba, asesina, corrompe porque no sabe hacer otra cosa. De modo que, desde aquí, nos sumamos al dolor por la recientísima pérdida de James Gandolfini con este póquer de grandes mafiosos noveleros. ¡Va por ti, Tony Soprano, y por ese enorme corazón tuyo que, al parecer, no estaba hecho de hormigón como habíamos pensado!

Don Vito Corleone

El primero de todos y el más grande. Nadie llegará a superar nunca su intensidad. Es el centro mafioso sobre el que gravita ‘El Padrino’, la novela que Mario Puzo escribió en, ¡atención!, 1969 y poco tardó con convertirse en un ‘best seller’. El siciliano revenido y necesitado de un experto foniatra Don Vito, ‘El Padrino’ en cuestión, es al género lo que Messi al fútbol actual: el puto amo. Los une a ambos, además, esa extraña fobia a tratar con inspectores de Hacienda. El libro de Puzo introdujo entre los aficionados de habla inglesa términos como ‘consigliere’, ‘Cosa Nostra’ y ‘omertá’. El éxito de la novela se multiplicó por cien cuando Francis Ford Coppola se animó a adaptarla en 1972 con un inmenso Marlon Brando en el papel principal.

Henri Hill

El protagonista de ‘Uno de los nuestros’, cuya novela original, al igual que ‘Casino’, es obra de Nicholas Pileggi y lleva por título ‘Wiseguy: Life in a Mafia Family’, siempre quiso ser mafioso. Desde niño. De hecho, fue reclutado para la mafia con apenas 13 años por Paul Vario, responsable del clan de os Lucchese. Eso sí, habréis notado ya que la gran diferencia entre Henri y Don Vito estriba en que el primero es un personaje de lo más real. Pileggi se basó en sus andanzas, crímenes y desventuras para contar una historia en forma novelada y Ray Liotta fue el encargado de ponerle cara en la adaptación al cine que llevó a cabo el gran Martin Scorsese. Desde 1980, Hill optó por chotarse de la ‘famiglia’ para salvar el pellejo y se convirtió en testigo protegido por el FBI y emprendió una existencia nómada que le llevó a vivir en Nebraska, Kentucky, Seattle y California. Intentó redimirse muchas veces, pero, el mafioso, como la cabra, suele siempre tirar al monte. Falleció hace justamente un año. Contra todo pronóstico, de muerte natural.

Frankie Machine

Ahí va otro, el aparentemente buenazo de Frankie Machine de ‘El invierno de Frankie Machine’, de Don Winslow. Uno de esos tipos que, a los 62 años, podría ir cada mañana a echar miguitas de pan a las palomas de su barrio. Maniático, noble y, en apariencia, grisáceo. A Frankie le gusta dejar reposar el café durante cuatro minutos exactamente. Le gusta la ópera, a la que acude con su novia, Donna. Amigo de sus amigos y vecino ejemplar a quien le gusta dar consejos y siempre está dispuesto a ayudar a todo el mundo. Hasta que, claro, le tocan a la familia. Ahí es cuando se le desborda el genoma Soprano y demuestra que, al igual que todo buen mafioso, la familia siempre es lo primero. Tras el bondadoso Frankie, conocido en los ambientes más turbios como ‘La Máquina’ -de ahí el título-, se oculta un ex gángster relacionado con las más peligrosas redes del crímen organizado de EEUU. La novela de Wislow es una de las grandes y últimas sorpresas que han revitalizado el género que, por lo menos en materia novelera, andaba de capa caída en los últimos años.

Donnie Brasco

Brasco, al igual que Hill, fue un personaje de carne y hueso antes de saltar al papel y luego al cine. Joseph Pistone, autor del libro original (‘Así me infiltré en la mafia’, publicado en 1989), es el agente del FBI que, con el nombre de Donnie Brasco y la profesión de joyero, se infiltró en una poderosa familia de gángsters italoamericanos, la familia de Sonny Black, y vivió para contarlo. Para ser aceptado por el clan, Donnie se ve obligado a probar su leatad y mostar su capacidad para cometer crímenes sin despeinarse un solo pelo del cabello. Acaba por ganarse la confianza de Lefty Ruggiero, cínico ‘killer’ en decadencia que no pasa de la tercera división criminal. Johnny Depp se metió en la piel de Donnie Brasco en la película homónima que Mike Newell rodó en 1997 y tuvo a Al Pacino como mafioso protagonista.

EL MUNDO: http://www.elmundo.es/elmundo/2013/06/23/novelanegra/1371944181.html

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