Yo sueño con tú sueñas con yo

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Érase una vez un tipo, un tipo llamado Xavier, que da clases en un instituto, tiene un hijo con el que no se lleva demasiado bien y una ex mujer a la que sigue queriendo, condenado a acumular fracasos de la misma manera en que, inevitablemente, los muebles acumulan polvo. Y érase a continuación otro tipo, un tipo llamado André, director de informativos, codiciado y envidiado soltero, para quien la vida es una sucesión de sorpresas agradables hasta que empieza a soñar con un profesor de instituto llamado Xavier. Un profesor de instituto que, a su vez, sueña que es André, el triunfador.

He aquí el trueque nocturno de cuerpos (y mentes) que da pie a ‘El sueño del otro’ (Plaza & Janés), la segunda novela de Juan Jacinto Muñoz Rengel (Málaga, 1974), el autor de la brillante ‘El asesino hipocondríaco’.

“La idea inicial se me ocurrió, como no podía ser de otra forma, en la cama, de una sola vez, en ese instante fugaz que hay entre el sueño y la vigilia. En realidad era una idea muy concreta, aparentemente sencilla, que podría resumirse en una línea: cada noche un hombre sueña ser otro hombre; el segundo de ellos, por supuesto, sueña ser el primero. Sé que el argumento podría haberse desarrollado en un relato corto, pero me impuse el reto de mantener una hipótesis imposible como ésta durante las 300 páginas que dura una novela. Es decir, quise ver hasta qué punto se podía contar esta historia desde el realismo, hasta qué punto lograría sostener el pulso a la verosimilitud”, cuenta Muñoz Rengel.

“Después llegaron los personajes, como las dos caras de una moneda. En la vida real, el primero que me alcanzó fue Xavier, el profesor. Pero cuando empecé a dar forma la novela, el que antes apareció fue el más fuerte, el más carismático, André Bodoc”, continúa el autor, que suele dormir con una grabadora en la mesita de noche para que no se le escape ninguna idea.

Asegura el escritor que de ‘El asesino hipocondríaco’ a ‘El sueño del otro’ ha cambiado “casi todo: el narrador, el tono, la mirada, las inquietudes… Aunque también existen algunos puntos en común, por ejemplo, las dos se construyen desde la mente de los protagonistas y en las dos esas mentes alteran y deforman la realidad”, indica.

Algo que siempre le ha interesado es, en cualquier caso, “explorar los géneros, recorrerlos transversalmente, mezclarlos y traspasar sus propias fronteras, pues en esa hibridación encuentro nuevos caminos”, sentencia, y no puede evitar añadir que también siente cierta fascinanción por “lo fantástico y lo extraño”, no en vano, entre sus referentes se cuentan Edgar Allan Poe, Lewis Carroll, H.G. Wells, H.P. Lovecraft, Bioy Casares, Ray Bradbury y Philip K. Dick.

En ese sentido, en referencia a lo fantástico de la novela, Muñoz Rengel asegura que la elección de sus protagonistas, el hecho de que uno sea director de informativos y el otro, profesor de instituto, no es casual. “Lo fantástico siempre cuestiona la realidad, los límites de la realidad. Pero con este enfoque podía al mismo tiempo llevar la duda a más niveles, podía (y quería) interrogar el contexto social de los personajes, ese mundo, nuestro mundo, que en los últimos tiempos es por momentos tan increíble. Así, necesitaba un periodista, en este caso un director de informativos un tanto mujeriego y canalla, para poder volver a insistir desde un segundo plano en la preocupación principal de la novela: el carácter ilusorio de la realidad. Eso es lo que hará André Bodoc cuando empiece a perder el control de su vida, se obsesionará con demostrar que la imagen del mundo y de los hechos que proyectan los medios de comunicación es tan falsa como todo lo demás”, dice.

Pero, ¿cómo piensa hacerlo? “André se servirá de un complejo plan de falsificaciones, de fraude y suplantación”, contesta. Y añade: “Escogí además el periodismo porque es uno de los sectores que más está acusando la crisis; y, a la vez, es parte necesaria de la solución. Bodoc es por lo tanto el responsable de proyectar la dimensión pública del individuo”. ¿Y qué hay de Xavier, su álter ego? “Xavier es mucho más modesto, es un ciudadano casi normal, y su papel es el de reflejar la dimensión privada. Para Xavier Arteaga escogí el oficio de profesor porque creo que es ahí, en la educación, donde en gran medida comienza todo”, responde.

Considerado por su autor un ‘thriller’ metafísico, ‘El sueño del otro’ es también una reflexión sobre el éxito y el fracaso y el pequeño abismo que separa al uno del otro. “Mis dos protagonistas están en todo momento bordeando el éxito y el fracaso. Y, curiosamente, lo que parecía ser el éxito a veces nos enseña los dientes del fracaso, y para eso basta con que una pequeña cosa cambie de lugar. Y desde el fracaso en ocasiones se pueden hacer grandes cosas, porque no se tiene nada que perder y todo que ganar. En esas dualidades se mueven ambos personajes, tan sólo separados por el velo del sueño, y en más de una ocasión se ven precipitados al abismo. Al abismo más absoluto, a la nada. Porque de eso se trataba en buena parte la novela, de hacerle una faena a los personajes”, sentencia el escritor.

Un último apunte, ¿sueña Muñoz Rengel con ser otro? “Me gustaría ser, como supongo que le sucederá a otros muchos autores, o estudiosos, o investigadores, un hombre de acción. Y temería que me soñara alguien triste y aburrido, o alguien cuya idea de la moral sea imponer sus creencias a los otros, o un frustrado, o, lo peor de todo, que me soñara alguien en quien todos han confiado y traiciona esa confianza incumpliendo todas sus promesas”, dice.

http://www.elmundo.es/elmundo/2013/05/30/novelanegra/1369920768.html

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