El regreso de Driver

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Drive, la hipnótica adaptación cinematográfica de la novela de James Sallis, acababa con el lacónico conductor herido, lanzado de nuevo a la carretera, y a su amor, Irene, llamando a su puerta sin que nadie responda… Siete años depués, esa historia continúa en El regreso de Driver. Solo quiénes leyeron el primer libro sabrán qué pasó con Irene: en la secuela, en la primera página, Drive ve cómo asesinan a su querida Elsa, con quien cree haber reconstruido su vida. ¿Le han localizado los hampones que se la tenían jurada? A partir de aquí empieza la venganza, a bordo de un rugiente Ford Fairlane. Al pobre Driver, el implacable Sallis no le deja disfrutar del amor…

Quien lea las novelas de Sallis encontrará algo distinto a la adaptación cinematográfica de Nicolas Winding Refn. Para empezar, en lugar de los silencios de Driver en el cine, sabemos algo más de lo que le pasa por la cabeza, aunque no mucho más. En palabras de su creador James Sallis “una de las cosas que me fascinan de Driver es que ni siquiera yo sé mucho de él. Tiene poco diálogo interno, es lo que aparenta“.

De hecho, tampoco los diálogos resultan muy explícitos, sino más bien confusos. A veces no sabemos de qué hablan los personajes… y parece que ni siquiera ellos. “Es que trato de representar en mi ficción, tan exactamente como puedo, las texturas de la vida. La gente no habla directamente de las cosas, da vueltas en torno a los temas. Nada en nuestras vidas es simple o directo: rascas la superficie y detrás aparece más. ¿Confusión? Es en lo que vivimos“, afirma.

Uno de los personajes de la novela confiesa: “Casi nunca entendemos los efectos de nuestras acciones, y nunca los vamos a entender. Estamos en manos de un poder extraño“. Y el título original de la novela es Driven… Parece que el pobre Driver, y quizá nosotros, seamos muñecos en manos de alguien. En su persecución, realmente, acaba hecho un lío mientras va dejando cadáveres a su paso. “No, estoy usando esa cita de un poema para sugerir todo lo contrario. Que no hay una razón que nos explique a nosotros o a nuestras acciones. Que no hay conductor en el asiento del conductor“.

En las novelas de Sallis, también en las protagonizadas por el detective Lew Griffin en Nueva Orleans, hay mucha mugre. Mucha pobreza material y de espíritu. Muchas malas bestias. “Sospecho que todo mi trabajo, los poemas, los cuentos, las novelas, los ensayos y traducciones e incluso las críticas, es una gran pieza. Con la misma estética, el mismo interés por los filos y recodos y los desposeídos, y las mismas preocupaciones“. En El regreso de Driver, un hilo de la trama lleva precisamente a Nueva Orleans, donde Sallis se formó. “Es al mismo tiempo la mejor y la peor ciudad de EEUU, un crisol de influencias históricas, raciales y étnicas. Infinitamente fascinante, con gente que vive en mansiones a una manzana de bloques ruinosos abarrotados de sin techo, con riqueza incontable y con pobreza increíble“.

Y los coches. Viejos cacharros con motores sobredimensionados y llenos de cromados, modelos mitificados, mecánicos resucitándolos con las manos llenas de grasa… Un fetichismo algo incomprensible desde otras latitudes. “Sí, opino lo mismo. Pero somos cowboys, aquí. Antes besábamos a nuestros caballos. Ahora besamos los cromados“.

https://esparregueranegra.wordpress.com/2013/05/03/el-regreso-de-driver-james-sallis/

http://magazin.caipuntojoven.com/2013/03/21/recomendacion-literaria-el-regreso-de-driver/

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